Cuando empezó a funcionar el Colegio era gris, a pesar de estar recién estrenado su aspecto era desolador, quienes hicieron los planos no pensaron que estaba destinado a los niños. Pero un grupo de mamás voluntariosas, han dedicado horas de esfuerzo y creatividad y han puesto el sol en sus paredes y la luminosidad de la Bahía malagueña. Con su tesón, su cariño y sobre todo con su ilusión han dado vida al cemento. Olé por estas madres en las que aún habitan esos sueños de niña y seguro que mientras pintaban han recorrido lugares de su infancia y han disfrutado embadurnando las paredes con toques de ilusión y alegría. Un aplauso, chicas!!!!
































